-Así que este es el plan ¿no? – preguntó el hombre. Miraba una y otra vez la carpetilla roja, leyendo y releyendo los folios – Este chico deja de vivir y caso cerrado
-Exactamente – Respondió Marcos, se encontraba nervioso y lanzaba constantes miradas a la mujer que se encontraba a su espalda
-Bueno, y ahora llega la parte que llevas queriendo evitar toda la conversación – el hombre miró directamente a los ojos de Marcos, provocándole un escalofrío – ¿qué gano yo con ello?
Marcos no respondió, se limitó a lanzarle un sobre que el hombre pilló al vuelo, antes de abrirlo miró a Marcos de una manera que él no supo interpretar, pero la mujer si: “trátame con respeto” decía esa mirada.
-Aquí puede haber…unos doscientos euros – dijo el hombre sin apartar la vista del sobre – Por supuesto, en billetes pequeños… ¿Me tengo que conformar con esto o piensas agregarme una propinilla? – Levantó la vista del sobre y miró directamente a Marcos, sonriendole. La sonrisa de un hombre como aquél hizo que la mujer se estremeciese y se aferrase al brazo de Marcos
-Por supuesto que no- dijo Marcos, le había aterrado en cierto modo la sonrisa de aquel tipo, pero mantenía la compostura- el resto te lo daré cuando acabes el trabajo
El hombre se quedó pensativo unos instantes -¿qué me garantiza que volverás?- dijo de pronto, cogiendo por sorpresa a Marcos y a su acompañante
-Bueno, tienes mi palabra…- aventuró a decir Marcos
-Eso no me basta- interrumpió el hombre- Sois gente nueva, apareces por aquí buscandome, y cuando te encuentro me propones un trabajo con tu palabra y doscientos euros como aval, simplemente no me fio de que volvais a saldar las cuentas.
-¿Y entonces? ¿Qué más quieres?- preguntó Marcos.
El hombre le lanzó otra de aquellas miradas que solamente la mujer sabía interpretar- es simple, un seguro que de volverás- El hombre volvía a sonreír, tanto exterior como interiormente, había pillado el juego y ahora era él quien ponía las normas.
-¿Qué clase de seguro?-preguntó Marcos
El hombre, que durante toda la conversación se había dirigido a Marcos, pasó a mirar directamente a la mujer – La chica se queda conmigo- sentenció
Marcos se quedó en silencio, miraba al suelo con actitud sombría
-¿Y si no dejo que te la lleves?- preguntó
Es simple, tengo todos los datos del chico que quieres borrar del mapa, solo tengo que ir a contarle que Marquitos quiere eliminarle, verás que fiesta se arma
-¿Y si decide simplemente no creerte?- preguntó Marcos, ofendido por el hecho de que a sus casi cuarenta años alguien claramente menor que el le tratase como a un niño, ese hombre no aparentaba más que veinticinco años… y le estaba poniendo las cosas difíciles
-Aunque sea sembraré en él la sombra de la duda, poco a poco se volverá paranoico y será mucho más difícil acabar con él-El hombre seguía sonriéndole
Marcos volvió a mirar al suelo con la misma mirada sombría. Sin apartar la vista del suelo- ¿y si me encargo de ti y te silencio para siempre…ahora mismo?
El hombre empezó a reír, no era una risa normal, sino un sonido semejante al de las hienas, lo cual no hizo más que aumentar el miedo de la mujer – Se nota que eres nuevo por aquí Marquitos, en estas calles nos conocemos todos y si desapareciese…o apareciese muerto, alguien iría a por ti y en un lugar donde el sadismo está presente en la mayoría de las personas, no es recomendable ser victima de una venganza.
Marcos volvió a callar
-Marcos, no, por favor que no…-suplicó la mujer, pero él ya había tomado una decisión.
-¿Prometes que no le pasará nada? Preguntó Marcos, ignorando a la mujer
-Sí, tienes mi palabra de que te la devolveré de una sola pieza, viva y en buen estado mental, a fin de cuentas, es un seguro- El hombre había dejado de reír y ahora presentaba una expresión seria- Ahora queda una cuestión, ¿te fías de mi?
-No me queda más remedio- Marcos finalizó la conversación, se zafó de la mujer y la empujó hacia el hombre, que tuvo que sujetarla para evitar que esta perdiese el equilibrio- Tienes todos los detalles en la carpeta- dijo mientras se alejaba.
La mujer trató ir tras él pero el hombre la mantenía sujeta por la muñeca, viéndose atrapada gritó y lanzó algunos insultos, luego, sintiendose impotente, rompió a llorar, aún sujeta de la muñeca por aquel hombre
Marcos, por su parte, mantuvo la compostura hasta la esquina, justo cuando giró esta, el hombre afinó el oído y pudo oírle correr hacia ninguna parte en concreto
-Duele que te traten como moneda de cambio ¿cierto? – Dijo refiriendose a la mujer que continuaba sollozando. De pronto, soltó su muñeca y se acercó a ella, posando una mano sobre su cabeza y acariciandole el pelo
El contacto hizo la mujer se estremeciese, en parte por el miedo que sentia en parte por la sorpresa de este gesto de consuelo, sin embargo, no habia dejado de llorar.
-Vamos anda, que vas a coger frío…-el hombre hizo una repentina pausa en la frase- ¿cómo te llamas?
La mujer había dejado de llorar repentinamente, estaba demasiado sorprendida por el trato amable que mostraba el individuo- Melissa-dijo tímidamente
-Pues muy bien Melissa, larguémonos de aquí antes de que cojas un resfriado
La mujer seguía desconfiando de él a pesar de su trato amable y lo analizaba con la mirada, parecía un hombre normal aunque era bastante alto, mediría alrededor de un metro ochenta y cinco o un metro noventa, a simple vista parecía de constitución atlética y llevaba el pelo peinado hacia atrás. Melissa calculó que despeinado, le llegaría un poco por encima de los hombros. Tenía el pelo y los ojos oscuros, aunque no sabría decir a la luz de la farola si eran castaños o negros y aunque se había desprendido completamente del aura siniestra que le rodeaba cuando hablaba con Marcos, algo en él le daba un aspecto…trágico, si, esa era la palabra.
-¿Vas a quedarte ahí mucho rato?- Dijo él de pronto, sacándola de sus pensamientos. Ella le siguió en parte porque debía hacerlo y en parte porque no tenía otro lugar a donde ir.
Dieron un par de pasos en silencio hasta que Melissa decidió romperlo:
-No me has dicho como te llamas- dijo sin pensarlo mucho
El hombre se limitó a señalar el cartel que daba nombre a la plaza donde se había encontrado con ella y Marcos, a pesar de la escasa luz de las farolas, Melissa fue capaz de leerlo: “Plaza: Luis de Góngora”
Melissa no pilló la indirecta y solo pudo decir: - ¿y eso?
-Así es como me llaman – Dijo el hombre- Simplemente paso muchas horas ahí sentado y me llaman “El chico de la plaza de Luis de Góngora” para abreviar: Luis
- Así es como te llaman, yo te he preguntado como te llamas – dijo Melissa mirando al suelo
-Vuelve a preguntar eso, y tendré que reconsiderar mi trato con Marquitos- respondió quien se hacía llamar Luis con un tono frío y profundamente lleno de odio
Melissa guardó el silencio y se limitó a seguir a Luis, no sabía donde la estaba llevando, pero por el aspecto de las casas, se adentraban en la parte más antigua de la ciudad. Justo antes de doblar una esquina Luis se giró hacia ella.
-Agárrate, que vienen curvas- fue lo único que dijo antes de agarrarla por la muñeca una vez más.
La calle en la que desembocaron estaba vacía a excepción de un par de prostitutas visibles a la entrada de algunos callejones, aparte de eso, la calle era siniestra, presentaba muchos más callejones y desviaciones y la mayor parte de las farolas estaban apagadas. Igualmente, no había ningun tipo de bar o comercico cuyo cartel proporcionase un poco de luz extra. Era como adentrarse en las sombras.
Aunque una de las chicas pasó, literalmente de ellos, la otra se les quedó mirando y Luis arrastró a Melissa hacia ella
-¿Dónde está Veronica?- Preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca de la mujer. Aunque a ojos de Melissa, esa chica no aparentaba más de veinte años
-Que amable- respondio la chica con sarcasmo- Ni siquiera preguntas que tal estoy, ni si me va bien la noche…ni cuanto cobro – Al decir esa última frase, miró de arriba abajo a Luis y luego fijó sus ojos en Melissa- Aunque te veo bien acompañado – dijo finalmente
- Vamos a empezar otra vez- Dijo Luis, en su voz se notaba que iba a acabar por perder la calma con esa mujer- Martita, luz de mis ojos ¿tendrías la amabilidad de indicarme donde se encuentra nuestra buena amiga Verónica?
La recién llamada Marta se echó a reir, sin embargo, paró de golpe al ver que Luis no lo hacía, Melissa cada vez estaba más segura de que todo el mundo respetaba a aquel hombre y por ello nunca dejaría de darle mal fario, alguien que asusta a tanta gente tiene que tener un motivo de peso.
-Hizo el turno de mañana, picaron un par de peces y ya se ha ido a casa, probablemente esté durmiendo – dijo a fin Marta- ¿Para que la necesitas?
Luis, conocerdor de que era mucho más fácil decirle la verdad a Marta en lugar de dar rodeos (no en vano era conocida como una pesadilla andante) intentó resumir la historia lo máximo posible:
-Necesito que me cuide a la chica, al menos esta noche – dijo por fin
Marta volvió a mirar directamente a Melissa - La chica es linda ¿por qué no la dejas conmigo?
-Porque quiero que me la cuiden, no que me la alquilen – dijo finalmente, a lo cual Marta volvió a reir, esta vez acompañado por la risita de hiena de Luis
Melissa se estremeció ante la idea de “ser alquilada” y quedó mirando fijamente al suelo, no escuchó nada más de la conversación, y fue consciente de que seguía estando ahí cuando volvió a sentir que tiraban de su muñeca. Se dejo llevar sin dejar de mirar al suelo.
Aunque siguieron rectos por la calle, Melissa se sobresaltó al ver como una sombra salida de uno de los pequeños callejones iba a dar directamente con ellos, sin embargo, quedó justo bajo la luz de una de las farolas y pudo ver a un joven de unos veinte años, rubio, con el pelo largo, quizás hasta media espalda y los ojos claros, podría ser efecto de la luz, pero Melissa hubiese jurado que tenía un ojo azul y otro verde. Además de eso, era realmente hermoso, la clase de hombre que hacía suspirar a las chicas fuese donde fuese.
-Luis, tenemos que hablar – dijo de pronto – Tienes que explicarme como es posible que ese tal Christian esté haciendo trabajos cuando ni tu mismo le conoces y…
-Gato, las cosas de Alex son las cosas de Alex – interrumpió Luis – Si tienes algún problema con Christian, hablas con Alex o buscas al propio Christian, pero deja de tocarme las narices, por si no has notado, tengo prisa.
Gato lanzó una mirada lasciva hacia la mujer – Hoola preciosa – dijo sonriendole en un intento de seducirla, y lo hubiese conseguido de no ser por la intervención de Luis
-Gato, párate los pies – dijo Luis, continuaba arrastrando a Melissa a lo largo de la calle, pero Gato les seguía
-Ya se yo por qué tienes tu tanta prisa – dijo Gato y se echó reir – Bonne chance, Romeo - Dijo con una especie de acento francés
Las mejillas de Melissa cambiaron rápidamente a rojo al escuchar esa frase mientras que Luis se limitó a maldecir a Gato en voz baja.
Dieron un par de pasos más hasta que Melissa decidió sacarse la duda de a cabeza
-Luis, ¿dónde me llevas? – preguntó por fin
-Al callejón, para violarte, lo que pasa es que estoy buscando uno mínimamente limpio – al escuchar esas palabras Melissa paró en seco – Oh, vamos, ¡deja de mirarme así! Te llevo a casa de Verónica para evitar que te pille mi hermano, bien podría haberte dejado a suertes con Martita o en las garras del minino, por lo menos tenme un respeto
Melissa reanudó el paso, las lágrimas volvían a llenar su rostro - ¿Por qué me tratas bien? - preguntó
Luis calló durante un par de pasos, hacía rato que habían dejado atrás la calle donde se habían encontrado con Marta y Gato cuando respondió
- Porque estás a punto de perderlo todo
- ¿Qué? – Respondió Melissa alarmada - ¿a que te refieres?
-Escúchame y dime si me equivoco – dijo Luis con voz seria – Marcos es tu amante, aunque el aparenta casi cuarenta y tu no pasas de veinticinco. No estás enamorada de él, es una relación basada en sexo y dinero, él te mantiene y tu a cambio haces lo que te dice puesto que no tiene nadie más a quien acudir, por eso estabas hoy con él, ninguna mujer “libre” – al decir esta palabra, resaltó las comillas con las manos- se mete en estos embrollos. Aparte, Marcos tiene que tener algún tipo de problemas urgentes, nunca lo hemos visto por aquí y según los papeles el encargo debe realizarse mañana mismo, pero desgraciadamente sois unos ignorantes, el chico al que quiere borrar del mapa es uno de los “intocables” morirá, tal como hemos acordado, pero…no volveremos a ver a Marcos…al menos vivo.
Melissa se había quedado de piedra, tanto por el hecho de que no se había equivocado en nada como por la predicción de la muerte de Marcos. Las lágrimas se acentuaron – Entonces ¿por qué regateaste lo del seguro si estás tan seguro de que no volverás a ver a Marcos?
- Llámalo mi buena acción del día, me quedo con doscientos euros y una mujer viva
La mujer siguió sollozando y no pudo hacer más que dejarse llevar, cuando se quiso dar cuenta de donde estaba, tenía delante de si la puerta de un piso, no recordaba haber subido las escaleras pero lo tenía que haber hecho. Luis llamaba a la puerta con suavidad, no utilizaba el timbre sino que propinaba suaves golpes a la madera
Abrió una mujer, joven de ojos azules y aspecto de tener sueño, Melissa supuso al instante que se trataba de Verónica
-Si vienes en busca de tu hermano, sí, está aquí- comenzó a decir antes de ver a Melissa - ¿Y eso? ¿Quién te acompaña?
-Mi principal motivo para venir aquí esta noche, necesito que me cuides a la chica al menos hasta mañana, en lo que, me llevo a Alex a casita, tengo que hablar con él…cuando se pueda hablar con él ¿está muy mal?
-No del todo, ha estado comentándome que las lechugas son peligrosas y se ha quedado dormidito – dijo mirando hacia atrás con ternura, donde se veía un sofá con alguien durmiendo encima – Pasad y me explicas por qué tengo que cuidar de la niña
Entraron en la casa, Luis empujó al chico que dormía allí y se hizo un hueco, al empujarle murmuró algo inentendible pero estaba claramente dormido. Melissa se percató de que llevaba el pelo muy largo (le llegaría más allá de la cintura) y por supuesto, le cubría los ojos.
-¿Hace falta algo de la cocina? – preguntó Verónica desde allí
-Un vaso y una botella de Ron miel – dijo Luis sin pensarselo dos veces- Es una historia muy larga
Melissa se limitó a tomar asiento en una silla que se encontraba cerca del sofá, y esperó mirando al suelo
En pocos minutos, Verónica regresó con la botella de Ron miel y tres vasos, los dejó encima de una mesita y se sentó en la única silla que quedaba libre, justo enfrente del sofá.
-Explicame eso de la forma más resumida posible, por favor- dijo mientras se servía uno de los vasos de Ron miel
-Es una larga historia – repitió Luis sirviéndose otro de los vasos de Ron miel, el restante era claramente para Melissa, pero no pensaba probarlo – Comenzó allá en 1670 en un pueblito de Francia, habíamos perdido a la mayoría de los soldados después del asedio, pero seguíamos en pie…
-Deja de hacer el payaso anda – Interrumpió Verónica con una sonrisa en los labios
-Está bien, adelantaré los acontecimientos – dijo sonriente y relató lo ocurrido un par de horas atrás, excluyendo por supuesto el encuentro con Gato
-Entiendo – susurró Verónica, está bien, que se quede conmigo un par de días… Supongo que vas a llevar a cabo el encargo ¿no?
- Por supuesto –dijo Luis con determinación – Sobretodo cuando sepas quien es el “objetivo”
- ¿Quién? – Verónica recogió la carpetilla roja que Luis le tendía y examinó su contenido, dejó escapar una expresión de asombro al leer los papeles que poco a poco se convirtió en una expresión completamente serena – Es una oportunidad que no debes dejar pasar.
-Ya lo sé, Carlos en bandeja de plata y sale mal parado alguien ajeno al grupo…-se detuvo un momento para mirar a Melissa- el problema es que vamos a hacer después con la chica
- Si ponen precio a su cabeza, ponerla a criar malvas – dijo una voz que sobresaltó a todos los que habían en la sala
Luis le dio un golpe a Alex en la cabeza – Esas cosas se piensan, pero no se dicen – susurró de tal manera que Melissa no pudo oirle – Vuelve a quedarte dormidito que después te va a caer una buena
Luis apuró el vaso de Ron miel y ayudó a su hermano a ponerse en pie – ¡Hasta luego cocodrilo! - Gritó Alex desde la puerta justo antes de que su hermano le empujase hacia fuera por la puerta
Una vez se hubieron ido, Melissa volvió a romper a llorar, Verónica, viéndose incapaz de consolarla, le tendió una manta para dejarla dormir en el sofá y le acarició el pelo – Trata de dormir un poco –dijo antes de apagarle la luz
Los dos hermanos habían salido ya a la calle, caminaban en silencio hasta que Alex decidió hablar:
-¿Que va a ser al final de la chica?- preguntó lleno de curiosidad
-Ya lo sabes, dejarla vivir hasta que alguien reclame por ella, entonces habrá que quitársela de encima lo más rápido posible – sentenció Luis – por el momento no desconfía de mi, será fácil utilizarla si nos llegase a ser útil
- Te estás convirtiendo en un cabrón con las mujeres – se limitó a responder Alex encogiéndose de hombros
- Y lo seré también con los hombres cuando tenga la oportunidad – dijo sonriendo cínicamente -Alex, ¿has hecho lo que te pedí?
Alex no pudo esconder cierta sonrisa de culpabilidad al responder afirmativamente
Luis lanzó un suspiro para evitar perder la paciencia con su hermano – Ha sido Christian otra vez ¿verdad?
Alex asintió, sabía que mentirle a su hermano lapidaría su futuro más próximo
-Alex, yo no te voy a decir que hacer o no respecto a Christian, pero piensa un poco en el pibe, que conociendote seguro que lo tienes esclavizado, por lo menos trata de enseñarle algo – hizo una pausa antes de continuar para cerciorarse de lo que iba a decir – El trabajo de mañana, porque de seguro estabas escuchando cuando hablaba con Verónica…te vas a encargar tú de él, y quiero que te lleves a Christian, para que aprenda un par de cosas
- De acuerdo – dijo Alex arrastrando las palabras- solo dime que hay que hacer
- Es sencillo, solo tienes que causar una explosión de gas.