domingo 3 de abril de 2011

No tienen ni idea

-¿Pero de verdad que no tienes nada mejor que hacer? – dijo Eddie aburrido – barre, friega los flatos o limpia el polvo, que se yo.
-todo eso ya está hecho, soy la esposa perfecta.
-Eddie pensaba que replicarle cuando llamaron a la puerta, fue un toc toc suave, pero en una casa donde no se esperan visitas interrumpió la conversación de inmediato y puso a los dos hombres en tensión.
-¿Verónica? – aventuró Eddie entre susurros
-No –respondió Luis más tranquilo – Verónica no se cuela en los portales
-¿Quién es entonces?
-Gato
Luis fue a abrir la puerta, dejando a Eddie solo, quien aprovechó el momento para recuperar el cable del piano, de su piano, cuanto lo había echado de menos.
En la puerta, Luis esperó unos segundos antes de abrir de golpe, tal como había deducido, Gato estaba al otro lado, apoyado contra la pared frente a la puerta, de brazos cruzados, el pelo rubio le caía de cualquier manera y en la penumbra, sus ojos heterocrómicos (porque no había sido una ilusión de Melissa, verdaderamente los tenia así) brillaron al recibir luz de golpe. Resultaba bastante siniestro
-Eres un hijo de puta – Dijo nada más ver a Luis
-Lo sé- le respondió este y le cerró la puerta en las narices
Al otro lado de la puerta escuchó a Gato maldecir y volver a llamar. Luis se limitó a abrir la puerta de nuevo y a quedárselo mirando fijo apoyado en el marco, de brazos cruzados. Ahora el siniestro era él. Gato se lo pensó antes de abrir la boca de nuevo, la figura a contraluz que lo observaba desde la puerta le imponía respeto, sin afeitar, con el pelo revuelto y esa mirada suya que decía “me importa un bledo si te suicidas ahí mismo” Luis era siniestro, agradeció el hecho de que al menos no sonriese.
-¿Cómo lo has hecho? – pronunció por fin
-¿Hecho el qué?
-No me tomes por tonto, si hay una explosión de gas en casa de Carlitos, no hay que unir muchas flechas para saber que fuiste tú, ¿cómo lo has hecho?
Bueno Gato, yo no lo hice – Ahora si sonreía y gato volvió a pegarse a la pared
¿y quien fue? ¿El ratoncito Pérez? ¿Santa Claus? – dijo irónico – oh, espera, no me lo digas…fue Christian
Casi, pero te lo doy por válida porque lo mandé con el pack. ¿Quieres un resumen rápido o te voy a tener que contar toda la historia? – dijo con fastidio mientras se apartaba del marco de la puerta y entraba en la casa, dejando la puerta abierta a Gato, quien se lo tuvo que pensar dos veces antes de entrar.
Ya había estado otras veces en esa casa, pero le seguía pareciendo un lugar deprimente, quizás porque las ventanas nunca estaban medioabiertas ni mediocerradas, quizás fuese el hecho de que todo y absolutamente todo estaba demasiado limpio y siempre colocado en su sitio, como calculado con una regla…o quizás la figura de Alfred.
Sin duda alguna, Alfred (o Eddie, como le había renombrado Alex) era deprimente, Gato nunca le había escuchado hablar y por lo que sabía, tampoco Alex, Verónica o Marta. Al parecer solo hablaba con Luis, pero puede ser que Luis les tomase el pelo a todos y fuese mudo, quien sabe. Aparentaba más de treinta años, pero no demasiados. Vestía siempre con vaqueros y camiseta, despeinado, con un permanente barba de dos o tres días y con la mirada cansada y ojerosa detrás de unas gafas de montura metálica. Y por supuesto, siempre sentado delante del piano. Sin duda era todo un maestro, tocaba todo tipo de piezas, la mayoría de memoria, con una presicion asombrosa y toda la concentración del mundo, no había nada que lo distrajese, nunca.
Gato oteó la vista en busca de Luis y un gemido lastimero llegó a sus oídos, siguió el sonido por un pasillo hasta ver una puerta abierta, al parecer había despertado a su hermano de la peor manera posible después de una resaca o lo que fuese que tuviese Alex: abrir la ventana y dejar pasar la luz del sol. Tambien le llegaron algunas palabras de Luis hacia su hermano, pronunciadas con voz suave y firme, como la que se usa para reñir a un niño. La voz le llegó muy amortiguada, pero supuso que había dicho algo como “Tú mismo te lo buscaste”. Gato optó por dejar de curiosear, no fuese a pillarle Luis y hubiese un problema, deshizo lo andado por el pasillo y regresó al salón de Al con su piano, se sentó frente una mesa y dio las gracias al cielo por el paquete de tabaco y el mechero que en ella se encontraban, el vicio era el vicio.
Volvió a sonar el timbre, esta vez el que daba al portal del edificio y vio a Luis pasar por delante de él para bajar a abrir la puerta . Siguiéndole estaba su hermano, frotándose los ojos y con cara de sueño. Al darse cuenta de donde estaba y ver a Gato sentado ante la mesa, fue a hacerle compañía. Se sentó a su lado en la mesa y dejó caer la cabeza despreocupadamente sobre el hombro de Gato: -Es un nazi – dijo refiriéndose a su hermano. En algún lugar de la escalera se escuchó a Luis rechistar. –Es un nazi y además es ninja – añadió Alex y en ese instante apareció Luis por la puerta, seguido por Marta y Verónica. Eran dos mujeres hermosas, aun vestidas de calle con vaqueros y camiseta, aunque con cara de sueño.
-¿Y Melissa? – Preguntó Gato al darse cuenta de que no estaba con ellas.
-En casita encerrada, no nos la íbamos a traer de paseo – dijo Marta con una sonrisa en los labios mientras se sentaba al otro lado de Gato. Verónica también se sentó a la mesa.
-No es que me importune vuestra amable visita – comenzó a decir Luis al ver a toda esa gente sentada en una mesa – pero, señoritas, querido hermano. ¿ a que debo el placer de vuestra presencia?
- Bueno, teníamos que felicitarte- dijo Marta con una sonrisa – al final tenias razón y Carlos cayó por su propio peso.
-Y para eso viene un escuadrón de gente sin avisar a las 7 de la mañana – argumentó Luis visiblemente molesto.
Bueno, respondió Verónica timidamente – Tambien tenemos que decidir que hacer con Melissa.
-Si todo va según mis expectativas, esta noche ya no estará – todos los presentes tragaron saliva insconcientemente ante esa sentencia – ahora, puerta todo el mundo, que cada cual tiene asuntos que atender.
Alex abrió la boca para protestar, aun apoyado en el hombro de Gato, pero comprendió que era en vano, nunca había visto a su hermano ceder a una protesta. Así que se limitó a decir adiós y a ver como su hermano cerraba la puerta tras ellos. Luego, volvió discretamente a su habitación para ver si podía dormir un rato más.

-No tienen ni idea del lío en el que estamos metidos -masculló Luis. Aunque nadie pareció oírle

domingo 30 de enero de 2011

Dos despertares muy distintos

Era de día.
Bueno, todo lo que se puede decir a las siete de la mañana, de día de día no era, pero clareaba y eso es lo que importa, que la luz de sol entrada tímidamente por las ventanas, una luz fría y pálida.
En algún lugar, los gatos se pelearon, el gato que llevaba años en la casa no quería dar su brazo a torcer y compartir su territorio con el nuevo, son cosas que pasan en todas partes y no suelen ser más que tonterías. Aunque si Christian no hubiese salido corriendo a detener la pelea, el intruso hubiese salido mal parado.
-Malditos gatunos, con lo tranquilito que estaba yo con mi mantita...-el gatito subió de un salto a su hombro y ronroneó - Sí, tú ronronea, que te he salvado tres veces...¿o acaso creías que mi hermana no te hubiese echado de haber tenido la oportunidad? Bueno, de todas maneras ya es de día, puedo hacer café y dejar que se despierte la casa... aunque, a ti todo esto te da igual, soy yo el imbécil que habla con un gato.
El gatito saltó de su hombro a la mesa de la cocina (insignificante salto si tenemos en cuenta que estaba al lado de Christian en esos momentos) y le observó mientras echaba café en la cafetera y le daba al botón, una lucecita roja se encendió. 
- Y así es como hace café, Sr.Miau, la próxima vez lo haces tú, que solo tienes que darle ahí con la patita.
-Hijo, tu eres imbécil - la voz no sobresaltó a Christian, le había oído llegar y ya era costumbre que al primer olor a café su padre viniese corriendo a por él.
-Buenos días, querido padre, yo también le tengo en alta estima ¿que tal ha sido dormir en el sillón del estudio una vez más? ¿que le has hecho a mamá esta vez? - al acabar de decir la frase se dio cuenta de que quizás se había pasado un poco...un poquito
Su padre no dijo nada, separó la jarra de café de la cafetera, volcó gran parte de su contenido en una taza y se sentó ignorando a su hijo
Bueno, Christian se había pasado un mucho. Observó fijamente a su padre, ese hombre que apenas superaba los treinta y cinco años que llevaba a cuestas, muy flaco y de baja estatura, bueno, digamos que se había instalado en el metro sesenta en algún momento de su adolescencia y no había querido crecer más. Su padre, con el pelo negro y liso despeinado, que lo miraba de reojo con sus ojos negros desde la taza de café, como un cuervo herido en su amor propio. Ese hombre podría dejar atrás su hogar si quisiese, volver a la Inglaterra donde había nacido y empezar su vida de nuevo, dejar atrás a su esposa histérica, a su hijo depresivo y a su hija...bueno...Jessica no necesita presentación. Bien mirado, lo raro es que no hubiese puesto carretera y manta hace mucho tiempo, él no tenía la culpa de dormir casi todas las noches en el estudio, aunque tampoco su madre era culpable aunque fuese ella quien le tirase el zapato a la menor oportunidad, se habían casado muy pronto, habían tenido hijos muy pronto y ahora se odiaban muy pronto.
Hubiese seguido cavilando acerca de la relación matrimonial de sus padres, pero fue sacado de su ensimismamiento por su padre.
 -Christian, ven aquí - no podría jurar si habló o graznó, pero el gesto de señalar a la silla que se hallaba frente a él en la mesa dejó el mensaje claro. Prosiguió una vez Christian estuvo sentado -¿Qué quieres a cambio de decirme a qué hora llegó tu hermana?
-Veinte euros, como siempre - dijo Chris con toda la naturalidad del mundo
-Cinco, y te perdono la ofensa
-Quince y de ahí no bajo
-Diez, la ofensa y nos quedamos con el gato - dijo mientras acariciaba al Sr.Miau
-Trece por todo el pack
-Christian, diez o gatito ventana - dijo como si tirar al gato por la ventana fuese lo más normal del mundo.
-Acepto, llegó a las cinco y media como una cuba de alcohol, dame al Sr.Miau- dijo trayendo al gato hacia sí
Su padre se limitó a soltar al gatito y a intentar contener una sonrisa de triunfo. Tan pronto como la niña osase asomar el hocico más allá de la puerta de su cuarto, se iba a quedar sin internet cinco días y medio.
Sobra decir que la relación padre-hija no era lo que se dice, lo mejor del mundo

En otro lugar, bastante lejos o bastante cerca, pues todo es relativo, Luis hacía ya mucho que andaba levantado, concretamente desde las seis de la mañana. Nada podía hacer ante levantarse todos y cada uno de los días de su vida a las seis de la mañana, esa costumbre la había adquirido desde el principio de su vida y la conservaría hasta el último de sus días, gracias mamá. Solo había dormido dos horas, aunque teniendo en cuenta la de noches que pasaba en vela, no había que preocuparse mucho. Esperaba pacientemente y libro en mano a que su hermano se despertase al otro lado de la puerta e intentase salir, sería divertido oír como aún abobado asimilaba lentamente que la puerta estaba trabada. A fin de cuentas, se lo merecía
-Resulta paradójico que tu leas "Crimen y Castigo" - dijo Eddie a sus espaldas
Luis hizo un ademán para hacer callar a Eddie - Silencio, que lo despiertas antes de tiempo
-¿Bromeas? Alex no se levantará hasta por lo menos las once o las doce, además, es sueño profundo, podría ponerme a tocar el piano y no se daría ni cuenta. Estás perdiendo el tiempo
Bueno, como podrás observar, no tengo nada mejor que hacer esta mañana que esperar a que se despierte y tú no vas a tocar el piano, principalmente porque no se me ha pasado la resaca y porque tengo el cable del piano aquí. Así que...paradojicamente, tú tampoco tienes nada que hacer, Alfred.

martes 13 de julio de 2010

Hay redes debajo de la mesa - Anexo

-¿Enseñarle algo a Christian? Venga ya, Agapito, seguro que tiene el “Recetario del Anarquista” debajo de su cama, en el fondo estamos haciéndole un favor, parece el tipo de chico al que no dejan vivir a su manera, ni su familia ni su entorno, ¿ya has visto como es verdad? Encaja todos los golpes sin presentar la menor queja y es el paño de lágrimas de quienes pueden apoyarse en él, pero no parece desahogarse con nadie, por eso mismo es por lo que probablemente nadie sepa lo que hace exactamente por las noches. Su mutismo y el hecho de que supiese disparar un arma antes de caer en nuestras manos, eso es lo que me preocupa, tengo la intuición de que ese chico la hubiese armado de no haberlo encontrado vagando por las calles.
Hubiese armado una buena fiesta…
-…Tengo que dejar de hablar solo, al menos cuando sé que Alex está detrás de la puerta riéndose de mi…

Hay redes debajo de la mesa

-Así que este es el plan ¿no? – preguntó el hombre. Miraba una y otra vez la carpetilla roja, leyendo y releyendo los folios – Este chico deja de vivir y caso cerrado
-Exactamente – Respondió Marcos, se encontraba nervioso y lanzaba constantes miradas a la mujer que se encontraba a su espalda
-Bueno, y ahora llega la parte que llevas queriendo evitar toda la conversación – el hombre miró directamente a los ojos de Marcos, provocándole un escalofrío – ¿qué gano yo con ello?
Marcos no respondió, se limitó a lanzarle un sobre que el hombre pilló al vuelo, antes de abrirlo miró a Marcos de una manera que él no supo interpretar, pero la mujer si: “trátame con respeto” decía esa mirada.
-Aquí puede haber…unos doscientos euros – dijo el hombre sin apartar la vista del sobre – Por supuesto, en billetes pequeños… ¿Me tengo que conformar con esto o piensas agregarme una propinilla? – Levantó la vista del sobre y miró directamente a Marcos, sonriendole. La sonrisa de un hombre como aquél hizo que la mujer se estremeciese y se aferrase al brazo de Marcos
-Por supuesto que no- dijo Marcos, le había aterrado en cierto modo la sonrisa de aquel tipo, pero mantenía la compostura- el resto te lo daré cuando acabes el trabajo
El hombre se quedó pensativo unos instantes -¿qué me garantiza que volverás?- dijo de pronto, cogiendo por sorpresa a Marcos y a su acompañante
-Bueno, tienes mi palabra…- aventuró a decir Marcos
-Eso no me basta- interrumpió el hombre- Sois gente nueva, apareces por aquí buscandome, y cuando te encuentro me propones un trabajo con tu palabra y doscientos euros como aval, simplemente no me fio de que volvais a saldar las cuentas.
-¿Y entonces? ¿Qué más quieres?- preguntó Marcos.
El hombre le lanzó otra de aquellas miradas que solamente la mujer sabía interpretar- es simple, un seguro que de volverás- El hombre volvía a sonreír, tanto exterior como interiormente, había pillado el juego y ahora era él quien ponía las normas.
-¿Qué clase de seguro?-preguntó Marcos
El hombre, que durante toda la conversación se había dirigido a Marcos, pasó a mirar directamente a la mujer – La chica se queda conmigo- sentenció
Marcos se quedó en silencio, miraba al suelo con actitud sombría
-¿Y si no dejo que te la lleves?- preguntó
Es simple, tengo todos los datos del chico que quieres borrar del mapa, solo tengo que ir a contarle que Marquitos quiere eliminarle, verás que fiesta se arma
-¿Y si decide simplemente no creerte?- preguntó Marcos, ofendido por el hecho de que a sus casi cuarenta años alguien claramente menor que el le tratase como a un niño, ese hombre no aparentaba más que veinticinco años… y le estaba poniendo las cosas difíciles
-Aunque sea sembraré en él la sombra de la duda, poco a poco se volverá paranoico y será mucho más difícil acabar con él-El hombre seguía sonriéndole
Marcos volvió a mirar al suelo con la misma mirada sombría. Sin apartar la vista del suelo- ¿y si me encargo de ti y te silencio para siempre…ahora mismo?
El hombre empezó a reír, no era una risa normal, sino un sonido semejante al de las hienas, lo cual no hizo más que aumentar el miedo de la mujer – Se nota que eres nuevo por aquí Marquitos, en estas calles nos conocemos todos y si desapareciese…o apareciese muerto, alguien iría a por ti y en un lugar donde el sadismo está presente en la mayoría de las personas, no es recomendable ser victima de una venganza.
Marcos volvió a callar
-Marcos, no, por favor que no…-suplicó la mujer, pero él ya había tomado una decisión.
-¿Prometes que no le pasará nada? Preguntó Marcos, ignorando a la mujer
-Sí, tienes mi palabra de que te la devolveré de una sola pieza, viva y en buen estado mental, a fin de cuentas, es un seguro- El hombre había dejado de reír y ahora presentaba una expresión seria- Ahora queda una cuestión, ¿te fías de mi?
-No me queda más remedio- Marcos finalizó la conversación, se zafó de la mujer y la empujó hacia el hombre, que tuvo que sujetarla para evitar que esta perdiese el equilibrio- Tienes todos los detalles en la carpeta- dijo mientras se alejaba.
La mujer trató ir tras él pero el hombre la mantenía sujeta por la muñeca, viéndose atrapada gritó y lanzó algunos insultos, luego, sintiendose impotente, rompió a llorar, aún sujeta de la muñeca por aquel hombre
Marcos, por su parte, mantuvo la compostura hasta la esquina, justo cuando giró esta, el hombre afinó el oído y pudo oírle correr hacia ninguna parte en concreto
-Duele que te traten como moneda de cambio ¿cierto? – Dijo refiriendose a la mujer que continuaba sollozando. De pronto, soltó su muñeca y se acercó a ella, posando una mano sobre su cabeza y acariciandole el pelo
El contacto hizo la mujer se estremeciese, en parte por el miedo que sentia en parte por la sorpresa de este gesto de consuelo, sin embargo, no habia dejado de llorar.
-Vamos anda, que vas a coger frío…-el hombre hizo una repentina pausa en la frase- ¿cómo te llamas?
La mujer había dejado de llorar repentinamente, estaba demasiado sorprendida por el trato amable que mostraba el individuo- Melissa-dijo tímidamente
-Pues muy bien Melissa, larguémonos de aquí antes de que cojas un resfriado
La mujer seguía desconfiando de él a pesar de su trato amable y lo analizaba con la mirada, parecía un hombre normal aunque era bastante alto, mediría alrededor de un metro ochenta y cinco o un metro noventa, a simple vista parecía de constitución atlética y llevaba el pelo peinado hacia atrás. Melissa calculó que despeinado, le llegaría un poco por encima de los hombros. Tenía el pelo y los ojos oscuros, aunque no sabría decir a la luz de la farola si eran castaños o negros y aunque se había desprendido completamente del aura siniestra que le rodeaba cuando hablaba con Marcos, algo en él le daba un aspecto…trágico, si, esa era la palabra.
-¿Vas a quedarte ahí mucho rato?- Dijo él de pronto, sacándola de sus pensamientos. Ella le siguió en parte porque debía hacerlo y en parte porque no tenía otro lugar a donde ir.
Dieron un par de pasos en silencio hasta que Melissa decidió romperlo:
-No me has dicho como te llamas- dijo sin pensarlo mucho
El hombre se limitó a señalar el cartel que daba nombre a la plaza donde se había encontrado con ella y Marcos, a pesar de la escasa luz de las farolas, Melissa fue capaz de leerlo: “Plaza: Luis de Góngora”
Melissa no pilló la indirecta y solo pudo decir: - ¿y eso?
-Así es como me llaman – Dijo el hombre- Simplemente paso muchas horas ahí sentado y me llaman “El chico de la plaza de Luis de Góngora” para abreviar: Luis
- Así es como te llaman, yo te he preguntado como te llamas – dijo Melissa mirando al suelo
-Vuelve a preguntar eso, y tendré que reconsiderar mi trato con Marquitos- respondió quien se hacía llamar Luis con un tono frío y profundamente lleno de odio
Melissa guardó el silencio y se limitó a seguir a Luis, no sabía donde la estaba llevando, pero por el aspecto de las casas, se adentraban en la parte más antigua de la ciudad. Justo antes de doblar una esquina Luis se giró hacia ella.
-Agárrate, que vienen curvas- fue lo único que dijo antes de agarrarla por la muñeca una vez más.
La calle en la que desembocaron estaba vacía a excepción de un par de prostitutas visibles a la entrada de algunos callejones, aparte de eso, la calle era siniestra, presentaba muchos más callejones y desviaciones y la mayor parte de las farolas estaban apagadas. Igualmente, no había ningun tipo de bar o comercico cuyo cartel proporcionase un poco de luz extra. Era como adentrarse en las sombras.
Aunque una de las chicas pasó, literalmente de ellos, la otra se les quedó mirando y Luis arrastró a Melissa hacia ella
-¿Dónde está Veronica?- Preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca de la mujer. Aunque a ojos de Melissa, esa chica no aparentaba más de veinte años
-Que amable- respondio la chica con sarcasmo- Ni siquiera preguntas que tal estoy, ni si me va bien la noche…ni cuanto cobro – Al decir esa última frase, miró de arriba abajo a Luis y luego fijó sus ojos en Melissa- Aunque te veo bien acompañado – dijo finalmente
- Vamos a empezar otra vez- Dijo Luis, en su voz se notaba que iba a acabar por perder la calma con esa mujer- Martita, luz de mis ojos ¿tendrías la amabilidad de indicarme donde se encuentra nuestra buena amiga Verónica?
La recién llamada Marta se echó a reir, sin embargo, paró de golpe al ver que Luis no lo hacía, Melissa cada vez estaba más segura de que todo el mundo respetaba a aquel hombre y por ello nunca dejaría de darle mal fario, alguien que asusta a tanta gente tiene que tener un motivo de peso.
-Hizo el turno de mañana, picaron un par de peces y ya se ha ido a casa, probablemente esté durmiendo – dijo a fin Marta- ¿Para que la necesitas?
Luis, conocerdor de que era mucho más fácil decirle la verdad a Marta en lugar de dar rodeos (no en vano era conocida como una pesadilla andante) intentó resumir la historia lo máximo posible:
-Necesito que me cuide a la chica, al menos esta noche – dijo por fin
Marta volvió a mirar directamente a Melissa - La chica es linda ¿por qué no la dejas conmigo?
-Porque quiero que me la cuiden, no que me la alquilen – dijo finalmente, a lo cual Marta volvió a reir, esta vez acompañado por la risita de hiena de Luis
Melissa se estremeció ante la idea de “ser alquilada” y quedó mirando fijamente al suelo, no escuchó nada más de la conversación, y fue consciente de que seguía estando ahí cuando volvió a sentir que tiraban de su muñeca. Se dejo llevar sin dejar de mirar al suelo.
Aunque siguieron rectos por la calle, Melissa se sobresaltó al ver como una sombra salida de uno de los pequeños callejones iba a dar directamente con ellos, sin embargo, quedó justo bajo la luz de una de las farolas y pudo ver a un joven de unos veinte años, rubio, con el pelo largo, quizás hasta media espalda y los ojos claros, podría ser efecto de la luz, pero Melissa hubiese jurado que tenía un ojo azul y otro verde. Además de eso, era realmente hermoso, la clase de hombre que hacía suspirar a las chicas fuese donde fuese.
-Luis, tenemos que hablar – dijo de pronto – Tienes que explicarme como es posible que ese tal Christian esté haciendo trabajos cuando ni tu mismo le conoces y…
-Gato, las cosas de Alex son las cosas de Alex – interrumpió Luis – Si tienes algún problema con Christian, hablas con Alex o buscas al propio Christian, pero deja de tocarme las narices, por si no has notado, tengo prisa.
Gato lanzó una mirada lasciva hacia la mujer – Hoola preciosa – dijo sonriendole en un intento de seducirla, y lo hubiese conseguido de no ser por la intervención de Luis
-Gato, párate los pies – dijo Luis, continuaba arrastrando a Melissa a lo largo de la calle, pero Gato les seguía
-Ya se yo por qué tienes tu tanta prisa – dijo Gato y se echó reir – Bonne chance, Romeo - Dijo con una especie de acento francés
Las mejillas de Melissa cambiaron rápidamente a rojo al escuchar esa frase mientras que Luis se limitó a maldecir a Gato en voz baja.
Dieron un par de pasos más hasta que Melissa decidió sacarse la duda de a cabeza
-Luis, ¿dónde me llevas? – preguntó por fin
-Al callejón, para violarte, lo que pasa es que estoy buscando uno mínimamente limpio – al escuchar esas palabras Melissa paró en seco – Oh, vamos, ¡deja de mirarme así! Te llevo a casa de Verónica para evitar que te pille mi hermano, bien podría haberte dejado a suertes con Martita o en las garras del minino, por lo menos tenme un respeto
Melissa reanudó el paso, las lágrimas volvían a llenar su rostro - ¿Por qué me tratas bien? - preguntó
Luis calló durante un par de pasos, hacía rato que habían dejado atrás la calle donde se habían encontrado con Marta y Gato cuando respondió
- Porque estás a punto de perderlo todo
- ¿Qué? – Respondió Melissa alarmada - ¿a que te refieres?
-Escúchame y dime si me equivoco – dijo Luis con voz seria – Marcos es tu amante, aunque el aparenta casi cuarenta y tu no pasas de veinticinco. No estás enamorada de él, es una relación basada en sexo y dinero, él te mantiene y tu a cambio haces lo que te dice puesto que no tiene nadie más a quien acudir, por eso estabas hoy con él, ninguna mujer “libre” – al decir esta palabra, resaltó las comillas con las manos- se mete en estos embrollos. Aparte, Marcos tiene que tener algún tipo de problemas urgentes, nunca lo hemos visto por aquí y según los papeles el encargo debe realizarse mañana mismo, pero desgraciadamente sois unos ignorantes, el chico al que quiere borrar del mapa es uno de los “intocables” morirá, tal como hemos acordado, pero…no volveremos a ver a Marcos…al menos vivo.
Melissa se había quedado de piedra, tanto por el hecho de que no se había equivocado en nada como por la predicción de la muerte de Marcos. Las lágrimas se acentuaron – Entonces ¿por qué regateaste lo del seguro si estás tan seguro de que no volverás a ver a Marcos?
- Llámalo mi buena acción del día, me quedo con doscientos euros y una mujer viva
La mujer siguió sollozando y no pudo hacer más que dejarse llevar, cuando se quiso dar cuenta de donde estaba, tenía delante de si la puerta de un piso, no recordaba haber subido las escaleras pero lo tenía que haber hecho. Luis llamaba a la puerta con suavidad, no utilizaba el timbre sino que propinaba suaves golpes a la madera
Abrió una mujer, joven de ojos azules y aspecto de tener sueño, Melissa supuso al instante que se trataba de Verónica
-Si vienes en busca de tu hermano, sí, está aquí- comenzó a decir antes de ver a Melissa - ¿Y eso? ¿Quién te acompaña?
-Mi principal motivo para venir aquí esta noche, necesito que me cuides a la chica al menos hasta mañana, en lo que, me llevo a Alex a casita, tengo que hablar con él…cuando se pueda hablar con él ¿está muy mal?
-No del todo, ha estado comentándome que las lechugas son peligrosas y se ha quedado dormidito – dijo mirando hacia atrás con ternura, donde se veía un sofá con alguien durmiendo encima – Pasad y me explicas por qué tengo que cuidar de la niña
Entraron en la casa, Luis empujó al chico que dormía allí y se hizo un hueco, al empujarle murmuró algo inentendible pero estaba claramente dormido. Melissa se percató de que llevaba el pelo muy largo (le llegaría más allá de la cintura) y por supuesto, le cubría los ojos.
-¿Hace falta algo de la cocina? – preguntó Verónica desde allí
-Un vaso y una botella de Ron miel – dijo Luis sin pensarselo dos veces- Es una historia muy larga
Melissa se limitó a tomar asiento en una silla que se encontraba cerca del sofá, y esperó mirando al suelo
En pocos minutos, Verónica regresó con la botella de Ron miel y tres vasos, los dejó encima de una mesita y se sentó en la única silla que quedaba libre, justo enfrente del sofá.
-Explicame eso de la forma más resumida posible, por favor- dijo mientras se servía uno de los vasos de Ron miel
-Es una larga historia – repitió Luis sirviéndose otro de los vasos de Ron miel, el restante era claramente para Melissa, pero no pensaba probarlo – Comenzó allá en 1670 en un pueblito de Francia, habíamos perdido a la mayoría de los soldados después del asedio, pero seguíamos en pie…
-Deja de hacer el payaso anda – Interrumpió Verónica con una sonrisa en los labios
-Está bien, adelantaré los acontecimientos – dijo sonriente y relató lo ocurrido un par de horas atrás, excluyendo por supuesto el encuentro con Gato
-Entiendo – susurró Verónica, está bien, que se quede conmigo un par de días… Supongo que vas a llevar a cabo el encargo ¿no?
- Por supuesto –dijo Luis con determinación – Sobretodo cuando sepas quien es el “objetivo”
- ¿Quién? – Verónica recogió la carpetilla roja que Luis le tendía y examinó su contenido, dejó escapar una expresión de asombro al leer los papeles que poco a poco se convirtió en una expresión completamente serena – Es una oportunidad que no debes dejar pasar.
-Ya lo sé, Carlos en bandeja de plata y sale mal parado alguien ajeno al grupo…-se detuvo un momento para mirar a Melissa- el problema es que vamos a hacer después con la chica
- Si ponen precio a su cabeza, ponerla a criar malvas – dijo una voz que sobresaltó a todos los que habían en la sala
Luis le dio un golpe a Alex en la cabeza – Esas cosas se piensan, pero no se dicen – susurró de tal manera que Melissa no pudo oirle – Vuelve a quedarte dormidito que después te va a caer una buena
Luis apuró el vaso de Ron miel y ayudó a su hermano a ponerse en pie – ¡Hasta luego cocodrilo! - Gritó Alex desde la puerta justo antes de que su hermano le empujase hacia fuera por la puerta
Una vez se hubieron ido, Melissa volvió a romper a llorar, Verónica, viéndose incapaz de consolarla, le tendió una manta para dejarla dormir en el sofá y le acarició el pelo – Trata de dormir un poco –dijo antes de apagarle la luz
Los dos hermanos habían salido ya a la calle, caminaban en silencio hasta que Alex decidió hablar:
-¿Que va a ser al final de la chica?- preguntó lleno de curiosidad
-Ya lo sabes, dejarla vivir hasta que alguien reclame por ella, entonces habrá que quitársela de encima lo más rápido posible – sentenció Luis – por el momento no desconfía de mi, será fácil utilizarla si nos llegase a ser útil
- Te estás convirtiendo en un cabrón con las mujeres – se limitó a responder Alex encogiéndose de hombros
- Y lo seré también con los hombres cuando tenga la oportunidad – dijo sonriendo cínicamente -Alex, ¿has hecho lo que te pedí?
Alex no pudo esconder cierta sonrisa de culpabilidad al responder afirmativamente
Luis lanzó un suspiro para evitar perder la paciencia con su hermano – Ha sido Christian otra vez ¿verdad?
Alex asintió, sabía que mentirle a su hermano lapidaría su futuro más próximo
-Alex, yo no te voy a decir que hacer o no respecto a Christian, pero piensa un poco en el pibe, que conociendote seguro que lo tienes esclavizado, por lo menos trata de enseñarle algo – hizo una pausa antes de continuar para cerciorarse de lo que iba a decir – El trabajo de mañana, porque de seguro estabas escuchando cuando hablaba con Verónica…te vas a encargar tú de él, y quiero que te lleves a Christian, para que aprenda un par de cosas
- De acuerdo – dijo Alex arrastrando las palabras- solo dime que hay que hacer
- Es sencillo, solo tienes que causar una explosión de gas.