Decididamente, no podía dormir. Se levantó de la cama casi por hacer algo y una idea cruzó por su mente: - Ya que no puedo dormir, voy a sentarme en una silla a ver a qué hora llega mi “querida” hermanita- Nada más pensar eso, llevó un taburete hasta una distancia prudencial de la puerta y se sentó ahí, contando en silencio el número de líneas que se habían dibujado en la pintura de la pared más próxima.
No sabría decir cuando pasó hasta que la puerta se abrió lentamente, esperando no ocasionar ningún ruido. No pudo ocultar una sonrisa de satisfacción al ver como la sorpresa se apoderaba del rostro de su hermana y borraba la sombra del alcohol presente en sus ojos.
No dijo nada, orgullosa, se limitó a encaminarse hacia su cuarto cuando percibió el cambio en la casa:
-¿Por qué hay dos gatos?- susurró inquieta
-¿Por qué llegas a las cinco y media de la mañana de un sábado?- respondió Christian con una sonrisa burlona – Yo a tu edad no hacia esas cosas
Jessica usó toda su paciencia para no insultar a su hermano o simplemente tirarle las llaves a la cabeza, levantó la cabeza y se encerró en su habitación. Había sido una noche lo suficientemente genial como para dejar que esa especie de mezcla entre Chuky, la niña de The Ring y el muñeco de Saw que tenía por hermano se la amargara.
-Que mal la trato a veces, pero donde las dan las toman, he aquí mi pequeña venganza por la Cocacola de antes- Pensó Chris. Se le había acabado la diversión por esta noche, así que dejó el taburete en su sitio y se fue a su camita. A mirar de nuevo al techo, si este se caía, sería el primero en saberlo.
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