domingo 3 de abril de 2011

No tienen ni idea

-¿Pero de verdad que no tienes nada mejor que hacer? – dijo Eddie aburrido – barre, friega los flatos o limpia el polvo, que se yo.
-todo eso ya está hecho, soy la esposa perfecta.
-Eddie pensaba que replicarle cuando llamaron a la puerta, fue un toc toc suave, pero en una casa donde no se esperan visitas interrumpió la conversación de inmediato y puso a los dos hombres en tensión.
-¿Verónica? – aventuró Eddie entre susurros
-No –respondió Luis más tranquilo – Verónica no se cuela en los portales
-¿Quién es entonces?
-Gato
Luis fue a abrir la puerta, dejando a Eddie solo, quien aprovechó el momento para recuperar el cable del piano, de su piano, cuanto lo había echado de menos.
En la puerta, Luis esperó unos segundos antes de abrir de golpe, tal como había deducido, Gato estaba al otro lado, apoyado contra la pared frente a la puerta, de brazos cruzados, el pelo rubio le caía de cualquier manera y en la penumbra, sus ojos heterocrómicos (porque no había sido una ilusión de Melissa, verdaderamente los tenia así) brillaron al recibir luz de golpe. Resultaba bastante siniestro
-Eres un hijo de puta – Dijo nada más ver a Luis
-Lo sé- le respondió este y le cerró la puerta en las narices
Al otro lado de la puerta escuchó a Gato maldecir y volver a llamar. Luis se limitó a abrir la puerta de nuevo y a quedárselo mirando fijo apoyado en el marco, de brazos cruzados. Ahora el siniestro era él. Gato se lo pensó antes de abrir la boca de nuevo, la figura a contraluz que lo observaba desde la puerta le imponía respeto, sin afeitar, con el pelo revuelto y esa mirada suya que decía “me importa un bledo si te suicidas ahí mismo” Luis era siniestro, agradeció el hecho de que al menos no sonriese.
-¿Cómo lo has hecho? – pronunció por fin
-¿Hecho el qué?
-No me tomes por tonto, si hay una explosión de gas en casa de Carlitos, no hay que unir muchas flechas para saber que fuiste tú, ¿cómo lo has hecho?
Bueno Gato, yo no lo hice – Ahora si sonreía y gato volvió a pegarse a la pared
¿y quien fue? ¿El ratoncito Pérez? ¿Santa Claus? – dijo irónico – oh, espera, no me lo digas…fue Christian
Casi, pero te lo doy por válida porque lo mandé con el pack. ¿Quieres un resumen rápido o te voy a tener que contar toda la historia? – dijo con fastidio mientras se apartaba del marco de la puerta y entraba en la casa, dejando la puerta abierta a Gato, quien se lo tuvo que pensar dos veces antes de entrar.
Ya había estado otras veces en esa casa, pero le seguía pareciendo un lugar deprimente, quizás porque las ventanas nunca estaban medioabiertas ni mediocerradas, quizás fuese el hecho de que todo y absolutamente todo estaba demasiado limpio y siempre colocado en su sitio, como calculado con una regla…o quizás la figura de Alfred.
Sin duda alguna, Alfred (o Eddie, como le había renombrado Alex) era deprimente, Gato nunca le había escuchado hablar y por lo que sabía, tampoco Alex, Verónica o Marta. Al parecer solo hablaba con Luis, pero puede ser que Luis les tomase el pelo a todos y fuese mudo, quien sabe. Aparentaba más de treinta años, pero no demasiados. Vestía siempre con vaqueros y camiseta, despeinado, con un permanente barba de dos o tres días y con la mirada cansada y ojerosa detrás de unas gafas de montura metálica. Y por supuesto, siempre sentado delante del piano. Sin duda era todo un maestro, tocaba todo tipo de piezas, la mayoría de memoria, con una presicion asombrosa y toda la concentración del mundo, no había nada que lo distrajese, nunca.
Gato oteó la vista en busca de Luis y un gemido lastimero llegó a sus oídos, siguió el sonido por un pasillo hasta ver una puerta abierta, al parecer había despertado a su hermano de la peor manera posible después de una resaca o lo que fuese que tuviese Alex: abrir la ventana y dejar pasar la luz del sol. Tambien le llegaron algunas palabras de Luis hacia su hermano, pronunciadas con voz suave y firme, como la que se usa para reñir a un niño. La voz le llegó muy amortiguada, pero supuso que había dicho algo como “Tú mismo te lo buscaste”. Gato optó por dejar de curiosear, no fuese a pillarle Luis y hubiese un problema, deshizo lo andado por el pasillo y regresó al salón de Al con su piano, se sentó frente una mesa y dio las gracias al cielo por el paquete de tabaco y el mechero que en ella se encontraban, el vicio era el vicio.
Volvió a sonar el timbre, esta vez el que daba al portal del edificio y vio a Luis pasar por delante de él para bajar a abrir la puerta . Siguiéndole estaba su hermano, frotándose los ojos y con cara de sueño. Al darse cuenta de donde estaba y ver a Gato sentado ante la mesa, fue a hacerle compañía. Se sentó a su lado en la mesa y dejó caer la cabeza despreocupadamente sobre el hombro de Gato: -Es un nazi – dijo refiriéndose a su hermano. En algún lugar de la escalera se escuchó a Luis rechistar. –Es un nazi y además es ninja – añadió Alex y en ese instante apareció Luis por la puerta, seguido por Marta y Verónica. Eran dos mujeres hermosas, aun vestidas de calle con vaqueros y camiseta, aunque con cara de sueño.
-¿Y Melissa? – Preguntó Gato al darse cuenta de que no estaba con ellas.
-En casita encerrada, no nos la íbamos a traer de paseo – dijo Marta con una sonrisa en los labios mientras se sentaba al otro lado de Gato. Verónica también se sentó a la mesa.
-No es que me importune vuestra amable visita – comenzó a decir Luis al ver a toda esa gente sentada en una mesa – pero, señoritas, querido hermano. ¿ a que debo el placer de vuestra presencia?
- Bueno, teníamos que felicitarte- dijo Marta con una sonrisa – al final tenias razón y Carlos cayó por su propio peso.
-Y para eso viene un escuadrón de gente sin avisar a las 7 de la mañana – argumentó Luis visiblemente molesto.
Bueno, respondió Verónica timidamente – Tambien tenemos que decidir que hacer con Melissa.
-Si todo va según mis expectativas, esta noche ya no estará – todos los presentes tragaron saliva insconcientemente ante esa sentencia – ahora, puerta todo el mundo, que cada cual tiene asuntos que atender.
Alex abrió la boca para protestar, aun apoyado en el hombro de Gato, pero comprendió que era en vano, nunca había visto a su hermano ceder a una protesta. Así que se limitó a decir adiós y a ver como su hermano cerraba la puerta tras ellos. Luego, volvió discretamente a su habitación para ver si podía dormir un rato más.

-No tienen ni idea del lío en el que estamos metidos -masculló Luis. Aunque nadie pareció oírle

1 comentarios:

todo perdido dijo...

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